Algunas preguntas sobre el impuesto a las bolsas plásticas

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Crédito: Cate Gillon/Getty Images

Por Yesica Giraldo

Según estimaciones de WWF –World Wildlife Found– y el Ministerio de Ambiente, un colombiano promedio utiliza 288 bolsas plásticas al año, de las cuales un ínfimo porcentaje son dispuestas de forma adecuada. La tendencia ascendente en el consumo de polímeros ha causado un inconmensurable daño sobre los ecosistemas marinos, por esto, organismos internacionales han sugerido integrar a la agenda política mecanismos para la reducción del consumo de bolsas plásticas –como la fiscalidad verde-. La razón de esto es ampliamente conocida: alrededor del 2% de los polímeros producidos en el mundo acaba en el mar, según cifras de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Sin embargo, la inconformidad de algunos consumidores con el nuevo impuesto ha sido explotada por algunos medios de comunicación y ha suscitado un torrente de interrogantes, algunos de ellos van en detrimento de la sostenibilidad ambiental.

A principios de julio, EJE 21 publicó un pequeño artículo titulado “El debate de las bolsas plásticas”, que da cuenta, de un cierto populismo. Entre las cuestiones expuestas en aquel texto, se sugirió ¿por qué las grandes superficies comerciales no sustituyen el plástico por el papel?

La formulación de esta alternativa, más que una solución, implicaría la sustitución de un problema por otro. En los últimos años, Colombia registró un aumento vertiginoso en la deforestación, 178.597 hectáreas destruidas entre 2015 y 2016, un aumento del 44% con respecto al año anterior. Así pues, la sustitución del plástico por el papel sólo aumentaría la destrucción de bosques y causaría un daño –quizá irreparable– en el hábitat de especies amenazadas por la deforestación.

Al respecto, en su conferencia TED “PAPER BEATS PLASTIC? HOW TO RETHINK ENVIROMENTAL FOLKLORE”, Leyla Acaroglu desmintió algunos mitos ambientales, entre ellos, algunos sobre las virtudes del papel para packaging. Según la evidencia expuesta por la australiana, la degradación de la celulosa del papel en los vertederos de basura es anormal y produce enormes cantidades de metano, un gas más pernicioso para la capa de ozono que el dióxido de carbono. Entonces, ¿qué alternativa usar para transportar los viveres comprados?

Ante éste dilema, la sugerencia de Leyla Acaroglu es no caer en las trampas del “folclore ambiental” y, más bien, optar por un pensamiento disruptivo, que considere –al menos, en un nivel básico– el complejo ciclo de vida de los productos industriales.

Además de la sustitución del plástico por el papel, en el artículo de LAS DOS ORILLAS, “Sobre bolsas plásticas y otros impuestos”, se comparó éste gravamen con el 4X1000, una asociación que conduce a formular preguntas como: ¿por qué gravar las bolsas plásticas? ¿es este impuesto justo?

Previo al gravamen, el Ministerio de Ambiente estudió el caso de Escocia, un referente en ésta materia en Europa. Éste impuesto está enmarcado en una política de fiscalidad verde que tiene como objetivo modificar los hábitos de consumo y gravar las prácticas que tienen un impacto ambiental negativo. Algunas organizaciones no gubernamentales, como Greenpeace, han sugerido éstos impuestos para reducir las prácticas más contaminantes, en especial en materia de transporte. Así, bajo esta premisa, Colombia replicó la experiencia inglesa para disminuir el uso de bolsas plásticas, un gravamen que en Reino Unido, ha reducido en un 85% el consumo de este género de productos.

Sin embargo, el destino del impuesto recaudado, es quizá, la pregunta más perspicaz. En un país atormentado por escándalos de corrupción, es imperativo preguntar: ¿en qué se invertirá el dinero producto de este gravamen?

La falta de claridad del Ministerio del Medio Ambiente sobre la destinación del impuesto ha alimentado un interminable número de teorías conspirativas que aseguran que el gravamen será invertido en el posconflicto o, que será entregado a las FARC –como lo sugirió el político Alex Velásquez-. En una entrevista con Blu Radio, el ministro de medio ambiente, Luis Gilberto Murillo, sostuvo que el dinero no tendrá destinación específica. Ésta desatinada decisión conduce a preguntar: ¿por qué no invertir en la preservación de los ecosistemas o, en la modernización de los cavernarios programas para la gestión de residuos sólidos en Colombia?, ¿acaso no es lo más consecuente, invertir el recaudo de éste impuesto verde en el la protección del medio ambiente en Colombia?

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